Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Sevilla Trendy | July 23, 2014

Scroll to top

Top

Sin comentarios

¡Y NOS VAMOS A LA FERIA!

¡Y NOS VAMOS A LA FERIA!

Por Pepelu Tobarcía

La víspera del Viernes de Dolores tenía cita en el dentista. La clínica está en la calle Asunción, justo al final. Cuando me bajé de la moto y me quité el casco me quedé estupefacto. Ahí estaba imponente, enorme, como si de la puerta de un reino del Señor de los Anillos se tratara…


La portada de la Feria nunca deja indiferente a nadie, guste más o menos su diseño. Lo más curioso es que siempre impacta por su grandiosidad y porque ha ido emergiendo de la nada, mientras al otro lado de la ciudad se ultiman los detalles para la Semana Santa. Es impresionante contemplar cómo una ciudad efímera (el Real) aparece casi de repente con todo preparado (calle del Infierno incluida) y espera en silencio su turno.

La Feria de Abril, que este año cae en abril, provoca el delirio de los sevillanos, que literalmente se tiran a la calle (yo el primero) a disfrutar, beber y bailar; beber y conversar; y beber, comer y beber comiendo. Es una semana surrealista, una explosión inmensa de colores, en la que todo el mundo aparca por un momento sus problemas personales y económicos y pone tierra de por medio para aprovechar la diversión que ofrece las 24 horas del día. Quizás me equivoque, pero, tal y como están las cosas, me parece una estupenda terapia de choque contra los males que nos acechan. El problema es que son solo siete días y que la vuelta a la realidad es terrible e insoportable para muchos. Si la Semana Santa está para fortalecer, pensar, reflexionar y admirar, la Feria está para divertirse, disfrutar, admirar y, por supuesto, ser admirado. Ambas son efímeras, pero espléndidas mientras duran.

El pescaíto

Hay 4 tiempos en esta semana tan especial. El primero comienza con la cena del pescaíto previa al alumbrao o, como lo llaman en el resto de España, “el encendido”. Es una noche, en principio, cerrada, solo para aquellos que tienen el privilegio de pertenecer a una caseta o ser invitado por algún socio. Por supuesto, existen alternativas, pero es una noche extraña, la más privada de un mundo de por sí privado. Aun así tira, ¡vaya si tira! No sabes cómo, pero sin darte cuenta la Feria te llama y te pide que te acerques al Real, aunque sea un rato, para ver lo que tienes por delante. En ese momento entra la euforia y comienzan los problemas de organización del tiempo.

 Los días entre semana

El martes y el miércoles, uno ya va tarde. Empezando el lunes, ya no se cumple con la hora de comer y los retrasos se acumulan el resto de la semana. Cualquier feriante sabrá de lo que hablo.

 Los sevillanos preparamos esta semana con esmero. Quedamos con los amigos de aquí y los de la pareja, organizamos un día de chicos y chicas, la comida familiar y de trabajo, queremos ver a amiguetes sueltos, conocidos… Cuando llega la verdad, todo se viene abajo. Los retrasos, desplantes y excusas están a la orden del día: que si “ayer me acosté tarde”; que “si estoy en una caseta, pero aquí no puedes venir con muchos”; que “voy a verte, pero somos seis y no se si puedo llevarme a tanta gente (dos horas después y tras diez llamadas para ver si sigues en tu caseta, aparecen 32)… Y las universales “¡ahora voy!”, que traducido significa entre una y dos horas más tarde, y “¡no te oigo nada, ahora te llamo!”, o, lo que es lo mismo: “paso de que vengas; estoy en una caseta con un grupito  pasándomelo pipa y no voy a estar pendiente de ti”.

 El Jueves

Es un antes y un después en la Feria. El principio para algunos, el final para muchos y el “¡ojú, todavía quedan tres días!” para unos pocos. Es el día de los estrenos y el día oficial de los hombres con corbata, norma no escrita que se ha ido imponiendo con el tiempo, convirtiendo la Feria en una enorme tarta llena de muñequitos nupciales.

Es el único día en el que se unen las tres clases de personas que sueles encontrar en Feria. El reventao: ojos caídos, piel blanca y sudorosa, quejica, sentado a todas horas y poco dinero, aunque le da igual porque solo le queda un día de Feria.

 El nuevo, el que estrena Feria: cara imponente, buen color de piel, aguantando carros y carretas y no con mucho dinero, pero sí suficiente para los dos días que va a vivirla a tope.

 Y el hartible: con cansancio acumulado, pero aparentando estar en su mejor momento, que no se queja, quiere más y busca, desesperadamente, la caseta más marchosa para no caer en el aburrimiento que saca a la luz su mal cuerpo, y que no sabe de dónde sacar dinero para lo que le queda.

 El fin de semana

Es el único fin de semana que no gusta a nadie. La frase “no me gusta la Feria el fin de semana” se traduce en “estoy muerto, tengo pareja y prefiero estar con él”, “tengo niños y no puedo disfrutarla como quiero, así que me quito de en medio y sufro menos” o “no tengo un duro”.

 Los reventaos desaparecen, los nuevos perduran, aunque algunos se van a la playa, y la Feria deja sitio a los foráneos: los invitados y los que lo único que conocerán de la Feria es el ambiente en las calles y el pescaíto frito en Los Remedios. Por suerte para muchos y desgracia para otros, la Feria es para los sevillanos y eso es algo difícil de cambiar… sobre todo para los hartibles como yo… ¿y tú?

Envía tu comentario